lunes, 4 de agosto de 2008

Evanmgelio XVIII Domingo de la semana de Tiempo ordinario


Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Mateo 14, 13-21

En aquel tiempo, al enterarse Jesús de la muerte de Juan el Bautista, subió a una barca y se dirigió a un lugar apartado y solitario. Al saberlo la gente, lo siguió por tierra desde los pueblos. Cuando Jesús desembarcó, vio aquella muchedumbre, se compadeció de ella y curó a los enfermos.Como ya se hacía tarde, se acercaron sus discípulos a decirle: “Estamos en despoblado y empieza a oscurecer. Despide a la gente para que vayan a los caseríos y compren algo de comer”. Pero Jesús les replicó: “No hace falta que vayan. Denle ustedes de comer”. Ellos le contestaron; “No tenemos aquí más que cinco panes y dos pescados”. El les dijo: “Tráiganmelos”.Luego mandó que la gente se sentara sobre el pasto. Tomo los cinco panes y los dos pescados, y mirando al cielo, pronunció una bendición, partió los panes y se los dio a los discípulos para que los distribuyeran a la gente. Todos comieron hasta saciarse, y con los pedazos que habían sobrado, se llenaron doce canastos. Los que comieron eran unos cinco mil hombres, sin contar a las mujeres y a los niños.
Meditación

El pasaje de la multiplicación de los panes nos da la oportunidad de suscitar en nosotros el asombro por la Eucaristía. Nos encontramos ante el misterio de nuestra fe, un misterio grande, un misterio de misericordia, pues en la Eucaristía, Jesús hace presente el sacrificio de la Cruz, su pasión y su muerte, nos muestra su amor que llega hasta el extremo, su amor que no conoce medida, ¿qué más podía hacer Jesús por nosotros? La multiplicación de los panes es una prefiguración de la Eucaristía, en ella Cristo se nos ofrece como alimento espiritual. ¿Y qué más grande puede ofrecernos el Señor, si no es Él mismo? Por eso, hemos de acercarnos con frecuencia a este sacramento, y con el alma limpia. Quien se alimenta de Cristo en la Eucaristía no tiene que esperar más para gozar del cielo, lo posee ya de modo adelantado. Además de la participación fervorosa en la Santa Misa, existen otros medios por los cuales nos podemos acercar a Nuestro Señor, por ejemplo, por medio de las comuniones espirituales, y de la adoración del Santísimo Sacramento. Busquemos estar con Cristo, y reclinados espiritualmente sobre su pecho como el discípulo Juan, hagamos la experiencia de su amor infinito.El que reconoce el tesoro de la Eucaristía sentirá una renovada necesidad de estar largos ratos en conversación con Cristo. En esos momentos de adoración es donde se aprende a amar como Cristo, se comprende su deseo de salvar a los hombres, su anhelo de vernos a todos en la casa del Padre.Concluyamos nuestra oración con una reflexión sobre la caridad evangélica. Cristo Eucarístico se nos ofrece a todos, así nos enseña que debemos amarnos unos a otros como Él nos ha amado, que debemos vivir la virtud de la caridad en pensamientos, palabras y acciones.
Reflexión apostólicaNo deben faltar en nuestros días momentos dedicados a elevar el corazón a Dios. Visitemos a Jesús en la Eucaristía siempre que podamos, Él desde ahí nos ve, nos oye y nos espera.
Propósito

Buscaré algún momento del día para detenerme frente a una Iglesia o capilla para visitar a Jesús en la Eucaristía.