miércoles, 30 de julio de 2008

Evangelio XVII Domingo del Tiempo ordinario




Evangelio


Lectura del santo Evangelio según san Mateo 13, 44-46


En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos: “El Reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en un campo. El que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va y vende cuanto tiene y compra aquel campo.El Reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una perla muy valiosa, va y vende cuanto tiene y la compra.
Meditación


El verdadero tesoro de nuestra vida es el amor del Señor. Quien tiene a Dios es realmente rico, esa es la verdadera perla, y no todas las demás cosas que poseen.
Cuanto más nos dejemos tocar por el amor de Dios en la vida sacramental, en la vida de oración, en la vida de trabajo, en el tiempo libre, tanto más podremos comprender que, si hemos encontrado la verdadera perla, todo lo demás no cuenta. Con el amor de Dios yo soy rico, soy realmente rico. Encontremos aquí el centro de la vida. Convenzámonos de que en medio de los acontecimientos diarios, el único apoyo y tesoro que no vacila, que no se termina jamás, es Dios. Todo lo demás se pasa.
Para los cristianos, el verdadero tesoro que debemos buscar sin cesar se halla en las “cosas de arriba”. Por eso, el cristiano debe vivir con un desprendimiento total de los bienes de este mundo, usando las cosas no como fines en sí mismos, sino como talentos que hemos de hacer fructificar, como medios que Dios nos da para alcanzar el objetivo de nuestra vida: la eternidad.
Sólo el que ha puesto su tesoro en Dios y vive con desprendimiento, puede ser realmente generoso para ayudar a los demás. No privemos a los demás, a las obras de evangelización, a la Iglesia de nuestra ayuda, para que pueda cumplir con su misión.
Reflexión apostólica


Siempre se corre el peligro de encerrarse uno en el propio egoísmo, de mirar sólo las propias necesidades, de desear más para sí, sin preocuparse de los demás. Por eso, es siempre necesario renovar el propósito de vivir el Evangelio y de salir al paso de las necesidades materiales y espirituales de los demás.
No olvidemos que la generosidad implica también dar a Cristo, ayudar a otros a descubrirlo por medio del apostolado.
Propósito


El día de hoy seré generoso con los demás, ayudándoles en todo lo que pueda.